Un viaje por la oscuridad de la 22


Son las 17.30 hs de un domingo como cualquier otro, emprendo el retorno a mi ciudad de Neuquén desde General Roca, 48 kilómetros me separan de mi hogar. La lluvia se hizo presente durante el fin de semana y por momentos una garua acompaña el día.

Tomo por calle San Juan e ingreso a Ruta 22, frente al predio de la fiesta de la manzana, allí comienza la odisea. Un poco menos de una hora me separa de mi punto de destino me anuncia el GPS pero sé que esto no se va a cumplir. La ruta cargada de camiones referidos a la industria de la fruticultura y del petróleo, colectivos de larga distancia y algunos automovilistas harán que mi viaje sea un poco más acompañado de lo que esperaba.
Primeros metros, la ruta en semi construcción (obra parada hace años) me llevara hasta el empalme con ruta 6, en ese lugar una rotonda súper iluminada me abre la puerta a una ruta 22 oscura. El sol se había marchado ya hace un tiempo y la oscuridad de la noche abrazaba la cinta asfáltica, mi visión dependía de las luces del auto y de los otros vehículos sobre la ruta.
El camino hasta Allen fue así, bañados por la oscuridad y mojados por la garua que por momentos chocaba contra el parabrisas. El problema estaba en que el asfalto tenía barro, perdiendo un poco de adherencia, pero los camiones levantaban dicho  lodo y terminaba en el vidrio y ópticas de mi coche.
Antes de llegar a esa localidad, veo una pequeña luz al costado, ¿una linterna, un celular encendido? Es cierto, una linterna en la mano de un chacarero que esperaba el colectivo servía para marcar su presencia en la banquina casi imperceptible por la oscura noche de un cielo nublado.
Por suerte las luces de localidad de la fiesta de la Pera, se ven cercanas, también las sirenas  de la policía de tránsito de esa ciudad me dan la bienvenida. Pero  también el cementerio de autos chocados, que según tengo entendido cada día es más grande, me indican que los accidentes en este sector son moneda corriente.
Una estación de servicio es un buen lugar para frenar a limpiar las ópticas del auto y a llenar el depósito del lavaparabrisas que había gastado para sacar el barro para poder ver el camino. Acomode la presión de los neumáticos y continúe viaje. Solo 26 kilómetros más, no era tanto, me quedaba media hora de viaje, eso era lo que decía el GPS, pero empezaba lo peor.
Subí nuevamente a la ruta, y me bastaron algunos metros para empezar con la tortura, la ruta no está ni demarcada, además el barro hacia perder el pavimento de la banquina. No sabía dónde estaba, por donde iba. ¿Podré llegar? Fue la pregunta que me hice. Todos los sentidos al máximo, y a continuar. La noche cayo, parece que ni la iluminación se enteró, están las luminarias pero nunca se encendieron, ¿se pidieron el día? ¿Realizaran huelga las luminarias? ¿Quién será el encargado de prenderlas? Muchas preguntas pocas respuestas, el velocímetro a baja velocidad, el temor presente y yo solo sentado en el auto.
¿Cómo harán los que viajan todos los días? ¿Qué pasara los días de semana en esta ruta? Sigo con las preguntas, concentrada mi vista en la ruta, pero sin respuestas… la oscuridad me hace pensar, o será la solitaria manera que tengo de viajar.
Un camión adelante sigue escupiendo barro, pasarlo o no, esa es la cuestión. Miro y no veo luces cerca de algún automóvil de frente. Me abro para intentar cruzar, en la banquina de enfrente un tractor sin iluminación viene en dirección a mí, por suerte no viene por la ruta sino tendría que hacer una maniobra para evitar el impacto. Puedo pasar a quien me precedía y continuo hacia mi destino. Las luces rojas de baldes me indican algo, ¿pero qué? Un grupo de pilares de cemento de algún futuro puente se erigen al costado de la calzada, muy cerca, tanto que la calzada se achica unos centímetros. ¿Qué pasaría si vinieran dos camiones en sentidos opuestos y se cruzaran justo en ese punto? ¿Y si fueran dos micros de larga distancia? Creo que no pasarían, mientras la iluminación sigue ausente.
Sigo por la oscuridad de ruta 22 y en el trayecto me voy cruzado con algunas luminarias encendidas, que indican el ingreso a alguna localidad vecina a la vía de comunicación, algún que otro comercio cerrado por ser día domingo también ilumina el asfalto. Algo es algo, pienso mientras continuo en búsqueda de las luces de las grandes urbes del alto valle.
En eso compañeros de ruta en otros vehículos comienzan a disminuir la velocidad, se encienden sus luces de stop en la parte trasera, situación que imito y bajo la velocidad. ¿Habrá algún accidente? ¿Paso algo adelante? Las luces azules rompen la oscuridad y algunas luminarias acompañan esta acción. Un puesto policial sin ningún aviso previo se aparece en mi camino, por suerte el aviso los dan las balizas encendidas de un móvil policial. Un cruce peligroso obligo a la policía a situarse en ese sector, la circunvalación de la ciudad de Cipolletti y la ruta tuvo ya varios accidentes y hasta muertos por la ineficacia de los conductores. Pienso en las palabras del ex corredor Juan María Traverso, múltiple campeón del automovilismo argentino. Él dijo “subestimamos la vida de una manera increíble;  pensamos que no nos va a pasar nada, somos especialistas en decir que la culpa es del otro.”  Cuánta razón la del flaco, por algo Argentina está en el puesto uno en el ranking de muertos en accidentes de tránsito a nivel mundial. (Según el Foro Internacional del Transporte).
Las luces de la ciudad de Cipolletti me sacan de mi pensamiento, y me hacen notar que la ruta esta allí, donde siempre creí que estuvo, pero para mi sorpresa también están las líneas de demarcación, ¿nunca las vi? ¿Están allí pero más atrás no están? ¿No brillan? Más y más preguntas y aún ninguna respuesta. Desde allí hasta casa solo algunos kilómetros.
El último momento complicado fue la rotonda de rutas 22 y 151, allí muchos autos provenientes de Neuquén van a la ciudad rionegrina, una cola de autos intenta ingresar a la rotondas (entre muchos, yo estoy allí) los camiones ingresan por la 151 a la rotonda con frutas o algo del mundo del petróleo. Avanzo lentamente pero termino de ingresar a la rotonda, a partir de ese punto la ruta se convierte en multitrocha para ingresar a Neuquén capital. Metros antes del puente la policía caminera de Río Negro y otro cementerio de autos chocados, ¿Qué habrá pasado con los que venían en esos autos? ¿Estarán heridos? Mejor me dejo de preguntas, sé que las respuestas este día nos las tendré. Cruzo el puente del Río Neuquén que me invita a ingresar a la provincia de nombre capicúa. “usted ha llegado a su destino” dice una voz femenina española que sale por el parlante del GPS. 19.15 el horario de ingreso a la capital provincial.
El GPS me mintió, no fue una hora, fue mucho más. Hubo oscuridad, temor, barro, llovizna y un hombre con una linterna que aún no se si el colectivo habrá levantado.  Mejor me bajo del auto y aliviano la presión de mis músculos.
Mañana será un nuevo día, tal vez tiempo de buscar respuestas a tantas preguntas.

Lucas Jara